miércoles, 21 de septiembre de 2016

Crónica de un trabajador enfermo víctima de una multinacional en Colombia



La gripa de Nelson
El 23 de diciembre, a eso de las 10 pm., muy pocos en Girardota supieron que Nelson Hernández tuvo que ser internado en el Hospital Pablo Tobón Uribe de Medellín por lo que durante algunos días pensó que era una simple gripa.
Afortunadamente fue remitido con rapidez del Hospital San Rafael de Girardota hacia Medellín. Nelson y su familia despidieron el año en el piso ocho del Hospital Pablo Tobón Uribe, pues los médicos lograron controlar la “simple gripa”. Casi 20 días después, ya en enero de 2015, le dieron de alta.
Le prohibieron seguir siendo un fumador pasivo en el bar donde le gusta pasar las mañanas y las tardes de su vida de pensionado, jugando cartas o dominó o conversando con los amigos, a la vuelta del parque principal de Girardota, por la calle Santa Ana.
Nelson tiene dos enfermedades, de verdad complejas: la primera es polimiositis. Una enfermedad que compromete tan seriamente sus músculos que ya no puede levantar las manos por encima de la cabeza, entre otras penosas dificultades, como la de amarrarse los zapatos o caminar rápido.
Hay más síntomas: dificultad para deglutir, dolor y debilidad en los músculos, problemas con la voz, dificultad para respirar, fatiga, fiebre, dolor articular, inapetencia, rigidez matutina, pérdida de peso.
La otra enfermedad, como reza en las notas médicas de su historia clínica, es intoxicación con plomo. No son menos terribles sus síntomas: dolor y cólicos abdominales, comportamiento agresivo, anemia, estreñimiento, dificultad para dormir, dolores de cabeza, irritabilidad, inapetencia y falta de energía, reducción de la sensibilidad.
Ambas enfermedades se deben a que durante un corto periodo de tiempo Nelson trabajó en Nubiola Pigmentos, en la sesión de Nitrato de Plomo, recién llegada de Barcelona, España, en el año 2007, donde fue cerrado el proceso.


Exámenes falsos
Nelson comenzó en Pigmentos el 7 de febrero de 2007, ganando un mínimo. A los seis meses pasó a ganar el mínimo de la empresa (800 mil pesos). Entró como operario de planta.
Era como si trabajase para el arcoíris. Llegaba a su casa amarillo, negro, azul, “salía de todos los colores”. Empezó con el amarillo. “Trabajaba en las prensas –recuerda-, donde pasaba líquidos a sólidos mediante reacciones químicas. Después el material pasaba por unos hornos de dónde salía en polvo. Yo tenía que manipular los líquidos”.
Como brigadista le exigían una máscara de protección, pero era una de mil o dos mil pesos. “Hoy la mascarilla vale 600 mil pesos con cartuchos que hay que cambiarlos cada tres días, de 65 mil pesos. En ese tiempo no se usaba eso”.
Luego lo pasaron a la sesión de nitrato de plomo, siendo quien inició la planta en Girardota, tras ser cerrado el proceso en España. Incluso fue enviado allá para estudiar la teoría.
A su sesión llegaba un producto llamado bismuto con plomo, había que separar el bismuto del plomo con un ácido, mediante una reacción. “La contaminación era mucha”.
- Le voy a preguntar otra vez, tengo que confirmar datos cómo éste: Cuando viajó a España y le explicaron cómo era el proceso con el plomo ¿no le dijeron que podía ser peligroso para su salud? ¿Firmó un documento que certifique que fue informado?
- Nunca –me responde Nelson por teléfono.
Luego empezó la rutina del plomo. Todos los días Nelson se levanó y siguió la rutina que lo puso en un colectivo veredal y después a unos pasos de la empresa, caminando por el barrio Juan XXII, bajando por la vía enrielada rodeada de eucaliptos poco antes de las seis de la mañana. Luego a separar una y otra vez el plomo del bismuto.
“A partir de los seis meses empecé a sentir enfermedad: dolor de cabeza, mareo, falta de hambre, de apetito sexual. Incluso averiguaba y no sabía por qué me sentía enfermo. Me mareaba y me iba al suelo. Todos sentían enfermedades pero a mí me cogió más, el organismo no resistió el químico. No se habían dado cuenta que ese plomo me estaba consumiendo hasta que hicieron exámenes más avanzados, en el 2008”.
Estuvo incapacitado 386 días, desde principios de 2008. Una de las incapacidades más largas de la historia laboral de Girardota.
La ARL le hizo exámenes al entrar a laborar y luego cada algunos meses. Entró aliviado totalmente, no sufría de nada.
Los exámenes que le hicieron después cree que fueron alterados. “Yo me los hacía de cuenta mía y me salían más altos, 20 o 30% más. Tengo las pruebas de eso. He tenido niveles de 118 de plomo. Y hoy estoy en 80 de plomo. Una persona trabajando con plomo el máximo debe ser 50 de plomo y una persona que no trabaje debe estar en 10, 11, 12, máximo. Yo tengo los niveles muy altos. Tengo el plomo en el hueso. Ya es muy difícil de sacarlo”.
Fui al Hospital Pablo Tobón con él, no conocía ese gran Hospital que en cambio Nelson dominaba como su casa. Caminamos por muchos pasillos llenos de médicos y gentes, fuimos a un largo pasillo atestado de recepciones que tienen en el cielorraso fotografías con planos cenitales de árboles pegados sobre láminas luminosas.
En algún momento del trayecto me contó que algunos le decían “pinchado” por el modo en que tiene que caminar, con el mentón en alto. Nelson saluda a las recepcionistas por el nombre, mientras espera confirmación de su cita y puede subir. Era con la reumatóloga. Una de los varios médicos que han tratado su caso con drogas y regímenes especiales de alimentación.
- He llegado a tomar hasta 22 pastillas diarias.
Ha pasado por diferentes exámenes. Pero los médicos le dicen que nunca se va aliviar del plomo. Cuando lo incapacitaron estaba tan débil que le daba dificultad mantenerse de pie, vivía mareado y con dolor de cabeza. En la casa no podía hacer nada por su cuenta. Se deprimió mucho porque no sabía qué era lo que tenía. Tampoco se imaginaba que podía ser una enfermedad tan delicada.
Al descubrir que tenía altos contenidos de plomo en la sangre se metió él mismo a leer a internet, tenía todos los síntomas descritos por envenenamiento con plomo.
Luego fue despedido.
La cooperativa de Trabajo Asociado Gestionar, con la que tenía el contrato, le dijo que lo iban a trasladar de puesto o de empresa, pero fue echado. Para ajustar “me dijeron que era una enfermedad que adquirí en otra parte”.
Años de espera
Solo hasta 2014, cuatro años después, vino a recibir la indemnización necesaria, tras el natural pero penoso litigio de un enfermo contra una factoría multinacional.
La ARL Sura le escribió el día 26 de mayo de 2014 que luego de la enfermedad diagnosticada el 29 de noviembre de 2007, la Junta Regional de Calificación de Invalidez de Antioquia le dio un porcentaje de pérdida de la capacidad laboral de 64.5%.
Le informaron que tiene derecho a una mesada pensional de 481,373 mil pesos. Para el 2014 sube a 624,428 pesos mensuales.
Y una mañana Nelson firmó un documento donde consta que era el 19 de junio de 2014 cuando se reunió con el representante legal de la empresa (Nubiola Colombia Pigmentos S.A.) Francisco A. Serna. Y confirma un acto de belleza jurídica, certificando con su rúbrica que “Entre… Nubiola Colombia Pigmentos S.A. y el señor Nelson… NO (mayúsculas del documento) existió ningún tipo de contrato, ni laboral, ni civil, ni comercial, ni ninguna otra índole o naturaleza”. Por tanto, Nubiola “considera que no adeuda suma alguna” a Nelson.
Y más adelantito se afirma: “en la compañía existe una organización de salud ocupacional y seguridad en el trabajo que entrena, educa y protege tanto a sus propios empleados como a los asociados y/o trabajadores de terceros. Igualmente, tanto Gestionar como Nubiola Colombia Pigmentos entregaron al reclamante los elementos de protección necesarios por la ARL con miras a evitar accidentes y/o enfermedades profesionales”.
Luego le dieron 33 millones de pesos que compensaban “cualquier responsabilidad”. Incluyen entre éstas: “indemnizaciones por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales”. Paz y salvo.
A todos nos gustaría que esta historia tuviera un final feliz.
- Cuando estuvo convaleciente -le pregunto-, ¿qué hizo la empresa por usted?
- Una vez me despidieron me hicieron pistola. Me borraron del mapa. Todo ese tiempo sin trabajar vivía gracias a los esfuerzos de mi familia. La empresa en ningún momento me llamó a ofrecerme nada. Incluso cuando estuve hospitalizado 36 días pues casi me muero, dizque yo tenía qué pagar.
Hoy se mantiene optimista, aunque su salud penda de un hilo y tenga que resignarse a empeorar. Los médicos están cuidando que no llegue el plomo a las piernas, ni a la cabeza. “Afortunadamente usted no le ha llegado el plomo al cerebro, pues se enloquece o no resiste la enfermedad”, le dijo un médico.
A veces siente que pierde la memoria, se le olvida lo que iba a hacer. O lo que hizo. Por ejemplo, tiene unos pollitos en la casa y a veces no se acuerda si les echó agüita o cuido. Lo llama una persona o tenía que llamarla y se le olvida. Las citas se le olvidan. Tiene un tablerito con las citas apuntadas. Tal día tengo exámenes, cita con el neurólogo, etc. Incluso ya la vista también la está perdiendo debido al plomo. A finales de año tuvo una cita con el oftalmólogo, le enviaron gafas.
Afortunadamente no tiene que pagar un solo peso por su salud, pues de todo se encarga la ARL.
Cada vez camina con mayor dificultad hacia las terapias que lo dejan adolorido, pues los médicos están tratando de mantener vivos sus músculos. Nelson está en manos de la medicina. Incluso fue visitado ya por un médico alemán, que no vio con optimismo su caso.
Sin embargo Nelson afirma que está dispuesto a experimentar con alguna medicina si le dan esperanza de aliviarse.


http://prensarural.org/spip/spip.php?article16140
 


 



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